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El comienzo de nuestra ruta: Por qué elegimos una Mitsubishi Montero

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A veces, los grandes proyectos no comienzan con un plan perfectamente definido. Empiezan con una necesidad concreta, evolucionan con cada experiencia y terminan llevándonos por caminos que nunca habíamos imaginado.

En nuestro caso, todo comenzó buscando una camioneta capaz de transportar un carro de carreras. Lo que encontramos fue mucho más que eso: Una compañera para viajar en familia, salir del asfalto y dar vida a un nuevo proyecto de exploración.

Esta es la historia de cómo llegó nuestra Mitsubishi Montero y cómo, casi sin darnos cuenta, comenzamos a construir nuestro proyecto overland.

Una necesidad en las pistas

Con la evolución de García Brothers Racing llegó el momento de transportar nuestro carro de carreras en un remolque. Ya no era suficiente desplazarnos únicamente con las herramientas básicas, necesitábamos llevar repuestos, combustible, equipos y todos los elementos necesarios para instalar nuestro pit durante cada jornada de competencia.

Comenzamos entonces a buscar una camioneta que pudiera cumplir dos funciones principales: Remolcar el carro de carreras con seguridad y ofrecer suficiente espacio para transportar todo el equipo.

En ese momento todavía no estábamos pensando seriamente en overlanding. La prioridad era resolver una necesidad relacionada con el automovilismo deportivo, pero esa búsqueda terminaría abriendo la puerta a una nueva forma de viajar.

Las primeras opciones

Inicialmente consideramos vehículos compactos como la Suzuki Vitara y la Suzuki Jimny. Nos atraían por su tamaño, sencillez y reconocidas capacidades fuera del asfalto. Sin embargo, la potencia disponible, el peso y la distancia entre ejes generaban algunas dudas frente al trabajo de arrastrar un remolque cargado con el carro de carreras y todo el equipo.

Por eso comenzamos a evaluar camionetas de mayor tamaño y cilindrada.

Los Toyota eran una opción natural por su reputación y presencia en Colombia, pero los precios del mercado los dejaban fuera de nuestro presupuesto. Después de comparar diferentes alternativas, la búsqueda se concentró principalmente en dos modelos: la Nissan Patrol y la Mitsubishi Montero.

Poco a poco, la Montero comenzó a ganar terreno.

Por qué una Montero

La Mitsubishi Montero reunía varios elementos que resultaban importantes para nosotros: Una construcción robusta, buena capacidad fuera del asfalto, motores de mayor cilindrada, espacio interior y una reputación de confiabilidad construida durante décadas.

También teníamos buenas experiencias previas con Mitsubishi, lo que aumentaba nuestra confianza en la marca. Pero había otra razón difícil de ignorar: Su historia deportiva.

La Montero, conocida como Pajero en Japón y en otros mercados, debutó en el Rally Dakar en 1983. Apenas dos años después consiguió su primera victoria general, además con un contundente primer y segundo lugar. Ese triunfo de 1985 fue también la primera victoria absoluta de un fabricante japonés en la competencia.

A partir de ahí comenzó una de las historias más exitosas del automovilismo todoterreno. Entre 1985 y 2007, la Pajero/Montero consiguió 12 victorias generales en el Dakar, incluyendo siete triunfos consecutivos entre 2001 y 2007. Ese legado no significa que una camioneta de calle sea igual a un vehículo de competencia, pero sí demuestra la importancia que tuvieron la resistencia, la tracción y el desempeño fuera del asfalto en el desarrollo de la familia Montero.

Títulos de la Montero / Pajero en el Dakar

En Colombia, además, la camioneta construyó su propia reputación. Llegó al país en 1982 y empezó a ensamblarse localmente durante el segundo semestre de 1989, en la planta de la Compañía Colombiana Automotriz en Bogotá. El ensamble nacional se mantuvo hasta 2012, utilizando kits CKD y produciendo diferentes versiones a lo largo de los años.

Su presencia prolongada hizo que se convirtiera en una camioneta conocida en ciudades, fincas y zonas rurales. Para muchas familias colombianas fue un vehículo de trabajo, pero también una herramienta para viajar por carreteras difíciles y llegar a lugares donde un automóvil convencional no podía hacerlo.

Por su trayectoria deportiva, su acogida como vehículo de finca y de trabajo en Colombia, y nuestra experiencia con Mitsubishi, la Montero comenzó a tomar cada vez más fuerza en nuestras mentes.

La versión que buscábamos

Mientras revisábamos las versiones disponibles en Colombia, encontramos una configuración especialmente interesante: La Montero V45, perteneciente a la actualización final de la segunda generación y equipada con el motor V6 de 3.5 litros.

Esta generación también sirvió como punto de partida para la exclusiva Pajero Evolution V55W, una versión corta y profundamente modificada que Mitsubishi produjo entre 1997 y 1999 para cumplir los requisitos de homologación de la categoría T2 del Dakar. La Evolution no era simplemente una Montero corta con accesorios deportivos, sino un vehículo especial con carrocería ensanchada, suspensión independiente, diferenciales específicos y un motor 3.5 V6 MIVEC.

Nuestra V45 larga no es una Evolution, pero pertenece a esa misma etapa de la historia de la Montero y conserva varios de los atributos que nos interesaban: Chasis independiente, motor de buena cilindrada, sistema de tracción 4×4, reductora y suficiente espacio para combinar trabajo, viajes familiares y aventuras.

¿Por qué la versión larga?

Durante la búsqueda apareció una pregunta importante: ¿debíamos comprar una Montero corta o una larga?

La versión corta tenía una apariencia más deportiva, un menor radio de giro y ventajas en ciertos pasos técnicos fuera del asfalto. Sin embargo, nuestra camioneta debía hacer mucho más que enfrentar obstáculos.

La versión larga ofrecía mayor estabilidad para remolcar, más espacio para herramientas y equipaje, y una cabina con capacidad para siete ocupantes. Esto nos permitiría viajar con la familia sin renunciar al volumen necesario para llevar equipo.

La decisión terminó siendo bastante natural. No buscábamos únicamente un vehículo para trocha ni una camioneta dedicada exclusivamente a las carreras. Necesitábamos una plataforma versátil, capaz de adaptarse a diferentes etapas de nuestra vida y del proyecto.

Encontrar la indicada

Conseguir una Montero V45 en buenas condiciones no fue fácil. La disponibilidad en Colombia era limitada y, por la edad de estas camionetas, muchas unidades acumulaban reparaciones improvisadas, modificaciones difíciles de revertir o años de mantenimiento aplazado.

No queríamos comenzar con una camioneta perfecta, porque sabíamos que cualquier vehículo de esa edad necesitaría trabajo. Sin embargo, sí buscábamos una base sana: Mecánica completa, estructura en buenas condiciones, interior conservado y el menor número posible de modificaciones mal ejecutadas.

Después de varios meses apareció una candidata en Medellín: Una Montero V45 modelo 1999, de carrocería larga y con una combinación bitono azul oscuro y gris.

Viajamos para conocerla y fue amor a primera vista.

El comienzo de nuestra ruta: Nuestra Montero

Tenía la presencia que esperábamos de una Montero de esa generación. Se veía robusta, bien proporcionada y, sobre todo, conservaba prácticamente toda su configuración original. Después de revisarla y conducirla, tomamos la decisión.

La compramos.

Antes de regresar a Bogotá hicimos un primer recorrido hasta Santa Fe de Antioquia. Fue una salida corta, pero suficiente para empezar a conocerla y confirmar que habíamos encontrado una camioneta con mucho potencial.

Después emprendimos el viaje hacia casa. Nuestra Montero ya formaba parte de la familia.

Una revisión necesaria

Comprar un vehículo con más de 250.000 kilómetros y 24 años de uso exige mirar mucho más allá de la apariencia. Una camioneta puede encender fácilmente, desplazarse sin ruidos evidentes y aun así esconder componentes desgastados o mantenimientos importantes pendientes.

Por eso realizamos una inspección completa. La revisión comenzó por el motor: Arranque en frío, estabilidad del ralentí, posibles ruidos, humo, fugas y estado general de los fluidos. También era fundamental buscar señales de mezcla entre aceite y refrigerante, residuos de corrosión y evidencias de recalentamientos anteriores.

En un motor de esta edad también es importante comprobar el historial de la correa de repartición, tensores y bomba de agua. Si no existe evidencia confiable de cuándo fueron reemplazados, lo prudente es incluirlos dentro del mantenimiento preventivo inicial.

Revisamos el sistema de refrigeración, incluyendo radiador, mangueras, abrazaderas, depósito, termostato y posibles fugas. En un vehículo antiguo, los elementos de caucho, empaques y sellos pueden deteriorarse por el paso del tiempo, incluso cuando el kilometraje no parece excesivo.

La transmisión y el sistema 4×4 también requerían atención. Verificamos el funcionamiento de la caja mecánica, la conexión de los distintos modos de tracción, la reductora y la ausencia de golpeteos o vibraciones anormales. Además, inspeccionamos los niveles y el estado de los lubricantes de la transmisión, la caja de transferencia y los diferenciales.

En la parte inferior revisamos el chasis, los puntos de anclaje de la carrocería, posibles rastros de corrosión, golpes fuertes o reparaciones estructurales. También examinamos los cardanes, crucetas, guardapolvos, rodamientos y posibles fugas en diferenciales y retenedores.

La dirección, la suspensión y los frenos eran otros puntos esenciales. Buscamos holguras en terminales, rótulas y rodamientos; desgaste en bujes y amortiguadores; pérdidas de fluido; desgaste irregular de las llantas, y señales que pudieran indicar problemas de alineación. En los frenos comprobamos el estado de discos, pastillas, mangueras y líquido.

Finalmente, revisamos la batería, el sistema de carga, las luces, los indicadores del tablero, los elevavidrios, el aire acondicionado y los demás elementos eléctricos. La inspección exterior incluyó diferencias de color, desalineación entre paneles, estado de vidrios, golpes, rasguños y posibles rastros de reparaciones anteriores.

En términos generales, la camioneta estaba muy bien mecánicamente. Estéticamente solo tenía algunos rasguños y golpes menores que podían corregirse con facilidad. Habíamos encontrado una base sólida, pero también sabíamos que una inspección representa apenas una fotografía del estado del vehículo: La verdadera prueba llegaría al viajar.

Mantenimiento Montero

Nuestro primer recorrido largo

Un par de meses después decidimos ponerla a prueba con un viaje largo de fin de año. Todavía sería un recorrido principalmente sobre asfalto y con muy poca trocha, pero nos permitiría evaluar su comodidad, autonomía y comportamiento durante varios días.

Salimos de Bogotá rumbo a Barichara, Santander. Desde allí continuamos hacia Santa Cruz de Mompox Bolivar, donde recibimos el Año Nuevo, y después viajamos hasta San Bernardo del Viento, Cordoba, antes de regresar a la capital.

La ruta nos permitió disfrutar por primera vez la Montero como vehículo de viaje. El espacio interior, la posición de conducción y la capacidad para transportar equipaje confirmaron varias de las razones por las que habíamos elegido la versión larga.

Pero el recorrido también nos recordó algo fundamental: Cuando se viaja en un vehículo de más de dos décadas, los imprevistos forman parte de la experiencia.

Las primeras fallas

Rumbo a Barichara tuvimos un problema con la válvula de control de aire en ralentí, conocida como IAC. Para evitar que el motor se apagara al detenernos, tuvimos que aumentar temporalmente las revoluciones mínimas.

Más adelante, cerca de San Bernardo del Viento, apareció un problema más serio: La camioneta comenzó a recalentarse y perdió una cantidad importante de refrigerante.

Después de revisar el sistema encontramos una fuga en el cuerpo de aceleración. En algún momento de su vida se había utilizado agua en lugar del refrigerante adecuado, lo que produjo corrosión interna y terminó perforando una de las piezas. Un tornillo y un poco de silicona nos permitieron realizar una reparación temporal y continuar el recorrido.

No fue una solución definitiva ni pretendía serlo. Simplemente nos permitió salir del problema y regresar a casa, donde podríamos reparar la camioneta correctamente.

La situación confirmó que, en un vehículo antiguo, el estado presente no siempre revela por completo las decisiones de mantenimiento tomadas por propietarios anteriores. También reforzó una de las ideas que terminaría definiendo nuestro proyecto: Antes de instalar accesorios o buscar más capacidad fuera del asfalto, necesitábamos recuperar una línea base mecánica confiable.

Interior Montero V45

Volver para corregir

De regreso en Bogotá realizamos un mantenimiento completo. Reemplazamos los componentes afectados durante el viaje, corregimos la fuga y renovamos los fluidos y filtros necesarios.

Este trabajo no solo solucionó las fallas que se habían presentado. También nos permitió conocer mejor la camioneta, identificar prioridades y comenzar a organizar una hoja de ruta para su recuperación y preparación.

No queríamos construir un vehículo llamativo que acumulase accesorios sin un propósito claro. Nuestro objetivo era desarrollar una plataforma confiable, equilibrada y adecuada para el uso real que pensábamos darle.

Cada cambio tendría que responder a una necesidad: Seguridad, confiabilidad, capacidad, autonomía o comodidad.

Aprender antes de avanzar

Aunque ya teníamos bastante experiencia al volante, en ese momento todavía no conocíamos a fondo las técnicas necesarias para conducir un vehículo 4×4 ni sabíamos cómo aprovechar correctamente todas las capacidades de la Montero.

Tener una camioneta capaz no era suficiente. Antes de aventurarnos en rutas más exigentes, queríamos comprender cómo funcionaban sus sistemas, aprender a leer el terreno y adquirir mejores criterios para afrontar obstáculos de manera controlada y segura. También necesitábamos reconocer nuestros propios límites y entender que, fuera del asfalto, una buena decisión puede ser más importante que la potencia o el equipamiento del vehículo.

Por eso realizamos un curso de conducción con Academia 4×4. Durante la capacitación aprendimos conceptos básicos de manejo todoterreno, selección de la línea de paso, uso adecuado de la tracción y la reductora, control del vehículo en ascensos y descensos, manejo de inclinaciones laterales y evaluación de diferentes tipos de terreno.

El curso también nos permitió conocer mejor las dimensiones, los ángulos y las reacciones de nuestra Montero. Poco a poco dejamos de verla únicamente como una camioneta grande y robusta, y comenzamos a comprender realmente lo que podía hacer cuando se utilizaban correctamente sus capacidades.

Esa experiencia marcó un punto de inflexión. Más que enseñarnos a superar obstáculos, nos mostró una nueva manera de conducir, explorar y relacionarnos con el territorio. Allí comenzamos a enamorarnos del mundo de las trochas y del 4×4, pero también entendimos que este debía disfrutarse con preparación, prudencia y respeto por el vehículo, los compañeros de ruta y el entorno.

Ahora sí estábamos listos para llevar la Montero fuera del asfalto.

Montero V45: Academia 4x4

La primera trocha

Con la camioneta revisada, el mantenimiento al día y una mejor comprensión de sus capacidades, llegó el momento que estábamos esperando: Poner en práctica lo aprendido en una ruta real.

La oportunidad apareció con una travesía por el Magdalena Medio, en la zona de la quebrada Las Quinchas, junto con nuestros amigos de 4xTierra. Allí podríamos comenzar a evaluar la tracción, la suspensión, la altura disponible y el comportamiento general de la camioneta en un entorno completamente diferente al de las carreteras pavimentadas.

La Montero respondió como esperábamos.

Más allá de superar la ruta, esa experiencia nos permitió entender lo que teníamos frente a nosotros. No era solo el vehículo que necesitábamos para remolcar el carro de carreras. Tampoco era únicamente una camioneta familiar o un 4×4 para salir ocasionalmente a trocha.

Era una plataforma con la que podíamos viajar, explorar y construir algo propio.

Así comenzó oficialmente nuestro proyecto overland.

Montero V45: 4xTierra

Un proyecto en evolución

Desde entonces, nuestra Montero ha entrado en un proceso continuo de mantenimiento, recuperación y preparación. Algunas mejoras buscan reforzar su confiabilidad; otras aumentan su capacidad fuera del asfalto, y otras están pensadas para hacer más cómodos y seguros los viajes largos.

El proyecto no está terminado y probablemente nunca lo estará por completo. Cada ruta revela nuevas necesidades, confirma decisiones anteriores y, algunas veces, demuestra que una idea que parecía buena sobre el papel no funciona igual en el terreno.

Precisamente por eso queremos documentar el proceso.

En esta página: Nuestra Montero, compartiremos las modificaciones, los mantenimientos, los errores y las lecciones que surjan en el camino. Diferenciaremos claramente lo que está planeado, lo que ya fue instalado y lo que realmente ha sido probado durante nuestros viajes.

No pretendemos construir la Montero más extrema. Queremos preparar una camioneta confiable y versátil que nos permita recorrer Colombia en familia, con autonomía, seguridad y respeto por los lugares que visitamos.

Todo comenzó buscando un vehículo para llevar nuestro carro de carreras.

Terminamos encontrando la camioneta que nos llevaría hacia una nueva forma de viajar.

Porque cuando termina el asfalto, no termina el camino. Ahí comienza nuestra ruta.

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